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Jorge Grippo

Demanda

En el seminario 1956-1957, Lacan ya empieza a tratar cuestiones relacionadas con el concepto de demanda. Explora el llamado (appel), el grito (cri) que el bebé dirige a la madre, y dice que ese grito no es solamente una señal instintiva, sino que “está inserto en un mundo sincrónico de gritos organizados en un sistema simbólico”. Los gritos del infans (supuestamente, “el que no habla”) se organizan en una estructura lingüística, mucho antes de que sea capaz de articular palabras reconocibles.

Esta naturaleza simbólica de los gritos del infante es el núcleo del concepto lacaniano de “demanda”, que Lacan distingue de la necesidad y el deseo. Dado que el niño no es capaz de realizar las acciones específicas que satisfarían sus necesidades biológicas (por ejemplo, el hambre), tiene que expresarlas de manera vocal (con demandas), para que otro (la madre) las haga por él. Y, como el objeto que satisface esa necesidad es provisto por otro, adquiere la importancia de dar prueba del amor del Otro. Así, la demanda cumple una doble función: además de expresar una necesidad, es un pedido de amor. Esta dimensión simbólica de la demanda (como demanda de amor) eclipsa su función real (como articulación de la necesidad). Y esta doble función da origen al deseo, ya que las necesidades que expresa la demanda pueden satisfacerse, pero el anhelo de amor no; por ende, persiste siempre como un resto, aun después de satisfechas las necesidades; ese resto constituye el deseo. La demanda está íntimamente vinculada con el desamparo inicial del sujeto. Por eso, al obligar al analizante a expresarse con la palabra, la situación psicoanalítica lo retrotrae a la posición del infante desamparado (lo cual estimula la regresión). La demanda de respuesta del analizante está apuntalada por otras más profundas (ser curado, ser revelado a sí mismo, convertirse en un analista…). Será crucial la manera en que el analista se comprometa con estas demandas: no intentará gratificarlas, pero tampoco frustrarlas. En 1961, Lacan relaciona las etapas de la organización libidinal según formas de demanda: la fase oral está constituida por la demanda de ser alimentado, que es una demanda del sujeto; en la fase anal, no se trata de una demanda del sujeto sino de la demanda del Otro (el progenitor que disciplina al niño, en el control de esfínteres). En estos dos estadios pregenitales, la satisfacción de la demanda eclipsa al deseo: sólo en la etapa genital, el deseo se constituye plenamente.

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