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Jorge Grippo

Real, segunda parte

A lo largo de su prolífica obra, Jacques Lacan utilizó el concepto de “lo real” para aclarar algunos fenómenos clínicos. Por ejemplo, cuando algo no puede integrarse en el orden simbólico (como sucede con las psicosis), puede volver en lo real, pero en forma de alucinación. En cuanto al trauma, precisamente lo que se presenta en forma traumática es el encuentro (que falta) con el objeto real. Lo real es el objeto de la angustia, no tiene mediación posible y, por lo tanto, es “el objeto esencial que ya no es un objeto, sino ese algo enfrentado con lo cual todas las palabras cesan y todas las categorías fracasan, el objeto de la angustia por excelencia”. En el origen del trauma, está la tyché, situada “más allá del automaton (simbólico)”. Si bien la expresión “lo real” podría sugerir la noción simplista de una realidad objetiva, externa, un sustrato material que existe por sí mismo, independiente del observador, por otra parte esta concepción (“ingenua”) es problematizada por el hecho de que lo real también incluye cosas como las alucinaciones y los sueños traumáticos. Lo real, entonces, estaría tanto dentro como fuera, lo que nos remite al concepto de “extimidad”. (Ya Freud había propuesto una distinción entre realidad material y realidad psíquica.) Lo real no puede ser conocido, porque está más allá de lo imaginario y lo simbólico; como la cosa en sí kantiana, es incognoscible. Pero, por otro lado, cuando Lacan cita a Hegel respecto de que “todo lo real es racional, y todo lo racional es real”, parece implicar que lo real puede ser calculado o integrado a una lógica o razón. En la década del setenta, Lacan trata de resolver esta indeterminación proponiendo la famosa distinción entre “lo real” y “la realidad”. Llega a definir la realidad como “la mueca de lo real”. Lo real queda situado del lado de lo incognoscible e inasimilable, mientras que “la realidad” designaría las representaciones subjetivas, que siempre son un producto de articulaciones simbólicas e imaginarias (la “realidad psíquica” de Freud). Cabe aclarar que no siempre Lacan mantuvo coherentemente esta distinción. De hecho, las complejidades que el término “real” evocan son mucho mayores, casi inabarcables, por su índole misma. De los tres órdenes, es con mucho el más elusivo y hasta “misterioso”, núcleo de una indeterminación radical.

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