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Jorge Grippo

Paranoia 2

En un desarrollo sobre la paranoia, continuador y a la vez paralelo al freudiano, en 1932 apareció la tesis de Jacques Lacan titulada De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. El autor volverá varias veces sobre este tema en elaboraciones posteriores. Mientras que Freud siempre trató de situar la “locura” clásica en el marco de la neurosis (o bien, en el de una concepción de la psicosis que se apartara del discurso psiquiátrico), Lacan siempre se interesó mucho más en ese ámbito ambiguo de la locura que en las patologías “comunes”. Entre las psicosis, la paranoia fue para él el paradigma de la locura en general, ya que estaba fascinado por la lógica del discurso paranoico; incluso, en su visión, la cura psicoanalítica debía llegar a asemejarse a una paranoia dirigida. Es decir que, como su maestro Freud, vinculó homosexualidad y conocimiento. Y consideró la erotomanía un componente crucial de la paranoia. Las teorías de Lacan se basarán en dos puntos fundamentales: el narcisismo y el Nombre-del-Padre. Su elaboración apunta a extraer las consecuencias lógicas de la hipótesis de la forclusión del Nombre-del-Padre, como responsable del “agujero” del orden significante en el que se precipita el delirio. La originalidad de este intento lacaniano consiste en relacionar la producción imaginativa del psicótico con la descomposición del registro simbólico. Lacan sigue a Freud para suponer en su origen la puesta fuera de juego del Nombre-del-Padre. Introduce la función de una metáfora que se realiza “en el Nombre-del-Padre”. Es decir, confiere una suerte de trascendencia al Padre, que está llamado a constituirse en el Otro. Como consecuencia, la elucidación del proceso paranoico recurre a la confrontación de dos diagramas: el primero (diagrama de la normalidad) inserta el campo de la realidad entre los dominios respectivos de lo imaginario y lo simbólico; el segundo permite asistir a la deriva de las posiciones anteriormente fijadas en torno a las hiancias, donde se consumen el Falo (imaginario) y el Padre (simbólico). Habría que profundizar en un paralelo entre tales esquemas (“que comparten el exceso al que se obliga a toda formalización que quiere presentarse en lo intuitivo”) y la puesta en escena trágica, donde nació la palabra “paranoia”.

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