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Jorge Grippo

Construcción

Construcción es una palabra propuesta por Freud para designar una elaboración del analista más extensa (y más lejana) del material que la interpretación.Está destinada esencialmente a reconstituir una parte de la historia infantil del sujeto, tanto en sus aspectos reales cuanto en aquellos fantaseados. En su artículo “Construcciones en el análisis” (1937), Freud le asigna a este concepto un sentido bastante restringido. Ante todo, él se propone resaltar la dificultad que plantea el objetivo ideal de la cura, es decir, la rememoración completa, con total superación de la “amnesia infantil”; de hecho, el analista se ve inducido, casi obligado, a elaborar “construcciones” y a proponérselas al paciente; esto mismo, en los mejores casos (cuando dicha construcción es precisa y se comunica en el momento en que el paciente está bien preparado para recibirla), puede hacer resurgir el recuerdo reprimido (o fragmentos considerables). Aun cuando este efecto no se produzca a satisfacción, la construcción posee una eficacia terapéutica: “Con cierta frecuencia —dice Freud—, no logramos que el paciente recuerde lo reprimido. Pero, en lugar de esto, obtenemos de él, si hemos llevado correctamente el análisis, una firme convicción de la verdad de la construcción, que posee el mismo efecto terapéutico que un recuerdo hallado”. Sin embargo, el término “construcción” no puede reducirse solamente a lo anterior. En la obra de Freud, el tema de la construcción, de la organización del material, está presente casi desde el inicio y con diversos aspectos. Cuando Freud descubre el inconsciente, lo describe como una organización que debe ser reconstruida gracias a la cura. En el discurso del paciente, “el conjunto de la masa, espacialmente extendida, del material patógeno aparece como estirado a través de una estrecha hendidura y, en consecuencia, llega a la conciencia dividido en fragmentos o cintas. Es misión del psicoterapeuta reconstruir a partir de este material la supuesta organización. Podríamos compararlo con el juego de naipes llamado solitario”. En “Pegan a un niño” (1919), Freud se dedica a reconstruir la evolución de una fantasía; algunas etapas de esta evolución son inaccesibles al recuerdo, pero una lógica interna obliga a suponer su existencia y a reconstruirlas. De un modo más general, no puede hablarse sólo de una construcción hecha por el analista; la concepción freudiana de la fantasía supone que esta ya es un modo de elaboración por parte del sujeto: una construcción que se apoya sólo parcialmente en lo real.

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