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Jorge Grippo

Principio de realidad

El principio de realidad es uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma sistema con el principio del placer, al que modifica: en la medida en que consigue imponerse como regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos o directos, sino mediante rodeos; se aplaza el resultado en función de condiciones impuestas por el mundo exterior. Desde el punto de vista económico, el principio de realidad corresponde a una transformación de la energía libre en energía ligada; desde el punto de vista tópico, caracteriza esencialmente el sistema preconsciente-consciente; desde el punto de vista dinámico, el psicoanálisis intenta basar el principio de realidad sobre cierto tipo de energía pulsional que se hallaría especialmente al servicio del yo. Finalmente, desde un punto de vista genético, sucede en el tiempo al principio de placer: el lactante intenta primeramente encontrar, en forma alucinatoria, una posibilidad de descargar de un modo inmediato la tensión pulsional. La ausencia persistente de la satisfacción esperada (la decepción) conduce a abandonar esa tentativa y, en su lugar, el aparato psíquico se decide a representar el estado del mundo exterior y a buscar una modificación real; se introduce así un nuevo principio de la actividad psíquica: lo que se representa ya no es lo agradable, sino lo real. Entonces, el principio de realidad, como principio regulador del funcionamiento psíquico, aparece secundariamente como una modificación del principio de placer, que es el que domina en los comienzos; su instauración implica, entre otras cosas: desarrollo de las funciones conscientes (atención, juicio, memoria); sustitución de la descarga motriz por una acción dirigida a conseguir una transformación apropiada de la realidad; nacimiento del pensamiento. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el pasaje del principio de placer al principio de realidad no suprime a aquél, que continúa dominando en todo un campo de actividades psíquicas, una especie de territorio reservado, entregado al fantasma, y que funciona según las leyes del proceso primario: el inconsciente. Las pulsiones sexuales siguen siendo el dominio preferente del principio de placer, mientras que las pulsiones de autoconservación representan, dentro del aparato psíquico, las exigencias de la realidad. En definitiva, el conflicto psíquico entre el yo y lo reprimido tendría su raíz en el dualismo pulsional.

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