PsicoNotas.com

← Complejo de castración 1 Complejo de castración 3 →
Jorge Grippo

Complejo de castración 2

La normalización que se supone acompaña el complejo de castración no siempre es constante o completa: el niño puede no renunciar a su sexualidad, seguir con la masturbación o, aunque la interrumpa, no poder parar la actividad fantasmática edípica; esto comprometería su sexualidad adulta. Freud parece establecer claramente la primacía del falo para los dos sexos, lo que trae dos grandes consecuencias: a) las experiencias previas de pérdida (del seno, de las heces) no son tales, ya que “no se debería hablar de complejo de castración sino a partir del momento en que esta representación de una pérdida es ligada con el órgano genital masculino”; b) el complejo de castración implica tanto a la mujer como al hombre: “El clítoris de la niña se comporta al principio enteramente como un pene”; pero, en ella, claro está, la visión del órgano del otro sexo desencadena inmediatamente el complejo y la consiguiente “envidia del pene”. Esta puede desarrollarse, al principio, en forma de deseo de estar dotada de un pene; pero su evolución “normal” es aquella en la que encuentra su equivalente simbólico en el deseo de tener un hijo, lo cual a su vez conduce a la niña a elegir al padre como objeto de amor (Edipo). Aquí también el complejo de castración ejerce una función normalizadora: orienta a la niña a la heterosexualidad. Freud, más tarde, pone también el acento en ciertas consecuencias patológicas del complejo de castración y reconoce la imposibilidad del renunciamiento total a los primeros deseos; este complejo sería la “roca” contra la cual choca una y otra vez el análisis. En la mujer, la envidia del pene puede persistir de manera indefinida en el inconsciente, como factor de celos y depresión. En el hombre, la angustia de castración constituye frecuentemente un límite del trabajo analítico: toda actitud pasiva con respecto al padre (y con respecto al hombre en general) tiene la significación de una castración y desencadena una rebelión; pero, como la rebelión implica imaginariamente el mismo castigo (la “castración”), el sujeto no encuentra la salida y permanece dependiente, tanto en su vida social como en su vida de relación con las mujeres.

Compártelo

Te puede interesar también
Centros de atención psicológica gratuita
Lapsus
El gran Otro

Coméntalo en tu Facebook

← Complejo de castración 1 Complejo de castración 3 →