La muerte en el orden simbólico

El concepto de “muerte”, tan esencial para la especulación filosófica occidental (y, podría decirse, del resto del mundo también), es muy importante en psicoanálisis.

La muerte desempeña un importante rol, por ejemplo, en los sistemas filosóficos de Hegel y Heidegger, que tanto influyeron en Lacan, y más aun en este tema álgido.

De Hegel —a través de Kojéve—, Lacan retoma la idea de que la muerte es constitutiva de la libertad del hombre, y también es el “Amo absoluto”. El papel de la muerte es fundamental en la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo; en ella aparece estrechamente relacionada con el deseo, ya que el amo sólo puede afirmarse por medio de un deseo de muerte.

De Heidegger, Lacan adopta la idea de que la existencia humana solamente adquiere sentido en virtud del límite absoluto establecido por la muerte; de este modo, el sujeto humano es, en un sentido estricto, “un ser-para-la-muerte”; y esto se corresponde con la idea lacaniana de que el analizante debe llegar a asumir, a través del análisis, su propia condición mortal.

En la obra de Jacques Lacan, la muerte aparece muchas veces, y en muchos contextos distintos, relacionado con otras nociones cruciales.

La muerte es constitutiva del orden simbólico: el símbolo, por ocupar el lugar de la cosa que simboliza, es una suerte de equivalente a la muerte de esta última. Sólo gracias al significante, el hombre puede acceder a su propia muerte y concebirla. El significante también lo lleva al sujeto más allá de la muerte: dado que “ya lo considera muerto, por naturaleza lo inmortaliza”.

En el orden simbólico, la muerte está relacionada con la muerte del Padre (o sea, con el asesinato ritual del padre de la horda, tal como se describe en “Tótem y tabú”, de Freud): el padre simbólico siempre es un padre muerto.

En La ética del psicoanálisis, Lacan habla de la “segunda muerte”. La primera es la muerte física del cuerpo, una muerte que pone fin a la vida humana pero no al ciclo de corrupción y regeneración. La segunda muerte, en cambio, es la que impide finalmente la regeneración del cuerpo muerto, un punto en que “son aniquilados los ciclos mismos de las transformaciones de la naturaleza”. Este concepto de segunda muerte es aplicable a diversos temas: la belleza como revelación de la relación del hombre con su propia muerte; la relación directa con el ser, y el fantasma sádico de infligir un dolor perpetuo.

En una comparación entre la cura psicoanalítica y el bridge, Lacan describe al analista en la posición del “dummy” (en francés, “le mort”, el muerto): “El analista interviene concretamente en la dialéctica del análisis simulando que está muerto… Hace presente la muerte”. El analista se cadaveriza.

Por otra parte, la pregunta que constituye la estructura de la neurosis obsesiva tiene que ver con la muerte: “¿Estoy muerto o vivo?”.



por Jorge Grippo

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