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Jorge Grippo

Extimidad

Lacan ideó el término “extimidad” (en francés extimité; en inglés, extimacy) aplicando el prefijo ex a la palabra francesa intimilé (“intimidad”). Apareció por primera vez en su seminario La ética del psicoanálisis (1958).Es un neologismo cuya brillantez corre pareja con la dificultad para definirlo. En principio, expresa la manera en que el psicoanálisis problematiza las aparentes oposiciones entre lo interno y lo externo, entre el contenedor y el contenido, etc. Por ejemplo, lo real está tanto “dentro” como “fuera”; el inconsciente no es un sistema psíquico puramente interior sino una estructura intersubjetiva (“el inconsciente está fuera”). El Otro es “algo extraño a mí, aunque está en mi núcleo”. Dice Lacan que “lo más íntimo justamente es lo que estoy constreñido a no poder reconocer más que fuera”. El centro del sujeto está fuera; el sujeto es ex-céntrico, etc. La “estructura” de la extimidad se expresa muy claramente en las figuras topológicas del toro y la banda de Moebius. El concepto ha sido mucho más desarrollado por Jacques-Alain Miller, yerno y albacea de Lacan, en su seminario de 1985-1986, que luego fue publicado en forma de libro con el título Extimidad. Extimidad nombra la presencia de lo real en lo simbólico. Las oposiciones interior-exterior, mundo interno-mundo externo no tienen sentido más que en el nivel puramente imaginario. Por el contrario, lo “éxtimo” alude a que lo más interno, lo más íntimo, se encuentra en el exterior. No se trata del espacio enmarcado y separado por la imagen, sino de una topología que remite a lo que vacila entre interior y exterior. El concepto de extimidad ya se va encontrando en el lenguaje cuasi cotidiano, de los mass media, como aquello que, siendo muy íntimo y familiar, se convierte en algo radicalmente extraño. Pareciera encajar en tanto cualidad del sujeto de nuestro tiempo, un sujeto siempre exiliado de sí mismo, que sólo parece encontrar su ser más íntimo en lo más lejano y deslocalizado. A este sujeto, la extimidad se le hace presente como un goce que adopta las formas más variadas de su síntoma. Este goce, tal como señala Miller, se le presenta como “algo exterior, confiado a sí mismo, rechazado del lenguaje. Ya no es éxtimo al Otro sino forcluido, y retorna en lo real”.

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