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El síndrome de Fortunata: enamorarse de lo prohibido

“Tu marido es mío y te lo tengo que quitar…” Esta línea, cargada de pasión y conflicto, proviene de la famosa novela Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós. En esta historia, Fortunata se enamora de Juan Santa Cruz, un hombre casado. A pesar de su relación secreta, ella nunca deja de desear que él deje a su esposa, Jacinta.

Con el tiempo, Fortunata se casa con otro hombre, pero su vínculo con Juan permanece. Ella anhela que él sea su verdadero marido, incluso convencida de que su amor debe ser correspondido. Este tipo de comportamiento ha sido denominado como el ‘síndrome de Fortunata’, un patrón de conducta donde se establecen vínculos emocionales con personas ya comprometidas.

Victoria Almiroty, una licenciada en Psicología, explica que Fortunata no solo ama, sino que también espera y vive en una ilusión romántica, mientras se siente invisibilizada. El enfoque aquí no es solo el triángulo amoroso, sino la lógica psíquica que subyace a esta situación, donde se ama desde la falta y la desesperanza.

Por ejemplo, una persona puede idealizar la relación con un amante porque representa una forma de escape de la rutina diaria. Almiroty señala que el amante es visto como un deseo puro, sin las complicaciones de la vida cotidiana. Sin embargo, este deseo frecuentemente se basa en la búsqueda de validación o reconocimiento.

Gabor Maté, un destacado médico, nos recuerda que “no repetimos lo que fue placentero, sino lo que fue familiar”. Esto implica que muchas veces, lo que se busca en estos vínculos es, en realidad, una reactivación de patrones de la infancia, donde el amor fue intermitente o inaccesible.

Algunos de los patrones que identifican a quienes se sienten atraídos por personas no disponibles emocionalmente incluyen:

1. Vínculos familiares disfuncionales: Freud decía que repetimos en lugar de recordar, lo que indica que muchos de estos patrones provienen de experiencias infantiles.

2. Autoimagen deteriorada: La autoestima real implica saber que merecemos un lugar en el deseo del otro. Si no lo sentimos, podemos caer en relaciones donde buscamos constantemente la validación.

3. Ilusión de control: A menudo, los amantes creen que tienen el control de la situación, cuando en realidad están atrapados en una fantasía.

4. Competencia: La búsqueda de amor puede estar motivada por la necesidad de ganar la atención de alguien que fue inalcanzable en la infancia.

5. Victimización: La queja puede producir una especie de placer, creando un patrón de victimización que irrita a quienes están cerca.

6. Atracción por lo prohibido: La atracción por lo que no se puede tener aumenta su deseo, como sugiere la teoría de Jacques Lacan.

¿Es posible cambiar estos patrones? Las expertas sugieren que el primer paso es no juzgar. Es fundamental entender qué se busca en estas relaciones. La terapia psicoanalítica puede ayudar a identificar estos ciclos repetitivos y a elegir desde un lugar más consciente. Como concluye Mitrani, a veces es necesario tocar fondo para poder pedir ayuda y comenzar a sanar.

Este fenómeno psicológico revela por qué algunas personas se sienten atraídas por quienes ya están en pareja. Este fenómeno psicológico revela por qué algunas personas se sienten atraídas por quienes ya están en pareja.

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