Luís Kancyper complejo fraterno

El “complejo fraterno” es una noción creada y desarrollada por el psicoanalista argentino Luis Kancyper, especialista en psicoterapia de niños y adolescentes.

El complejo fraterno es un “conjunto organizado de deseos hostiles y amorosos que el niño experimenta respecto de sus hermanos”. Hay que tener en cuenta que no debe reducirse a una situación “real”, a la influencia que ejerce la presencia de hermanos de sangre en la realidad externa: trasciende lo vivido individualmente. (Incluso el hijo único debe tramitar los efectos de la forma singular en que se construye en cada sujeto este complejo.)

Aunque es evidente que Freud se dedicó más a otros complejos, no dejó de prestar atención a la relación entre los hermanos, y en cierto sentido propuso la función sustitutiva del complejo fraterno en tanto alternativa para reemplazar y compensar funciones parentales fallidas.

Por ejemplo, en Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916), afirma, entre otras cosas: “El chico puede tomar a la hermana como objeto de amor en sustitución de la madre, infiel… Una niñita encuentra en el hermano mayor un sustituto del padre, quien ya no se ocupa de ella con la ternura de los primeros años, o toma a un hermanito menor como sustituto del bebé que en vano deseó del padre… Entre varios hermanos que compiten por una hermanita más pequeña ya se presentan las situaciones de rivalidad hostil que cobrarán significación más tarde en la vida”.

Esta sustitución también puede colaborar en la elaboración del complejo de Edipo y del narcisismo; y, por otro lado, operar como función defensiva de angustias y sentimientos hostiles, relacionados con los progenitores pero desplazados hacia los hermanos.

El doctor Kancyper demuestra cómo el complejo fraterno tiene un papel estructurante y fundante en la vida anímica del individuo, pero también de los pueblos y de la cultura, a través de la génesis y el mantenimiento de procesos identificatorios en el yo y en los grupos, en la constitución del superyó y el ideal del yo, y en la elección del objeto de amor.

Según Luis Kancyper, el complejo fraterno cumple cuatro funciones: a. sustitutiva; b. defensiva; c. elaborativa; c. estructurante.

La función sustitutiva del complejo fraterno ocurre cuando este se ofrece como una alternativa para compensar funciones parentales que han fallado; y cuando sirve para elaborar el complejo de Edipo y el narcisismo. Esta función ya fue sugerida por Freud en su “Conferencia 21” (1916).

La función defensiva del complejo fraterno se observa cuando encubre situaciones conflictivas edípicas y/o narcisistas no resueltas. En muchos casos, sirve para eludir y desmentir la confrontación generacional, y para obturar las angustias derivadas de ella.

Esta función se ve facilitada por el fenómeno del desplazamiento, a través del que se producen falsos enlaces que originan numerosos malentendidos; éstos aparecen en la experiencia clínica, así como en la mitología clásica y en la literatura moderna.

Con frecuencia, los mismos padres provocan falsos enlaces entre los complejos paterno, materno y parental, y el complejo fraterno, y promueven competencias hostiles entre los hijos: “Dividir para reinar”. De esta manera, dificultan la posibilidad de que los hermanos construyan lazos solidarios de confraternidad, para fundar un poder horizontal que enfrente el abuso del poder vertical detentado, en la dinámica familiar, por los padres.

La función elaborativa se da porque el complejo fraterno colabora en el interminable trabajo de elaboración y superación de los remanentes (normales y patológicos) del narcisismo y de la dinámica edípica, que se presentan durante toda la vida.

Así como el complejo de Edipo pone límites a la ilusión de omnipotencia propia del narcisismo, el complejo fraterno participa en la tramitación y el apartamiento del poder vertical detentado por las figuras edípicas, y establece otro límite a las creencias narcisistas que se relacionan con las fantasías del “unicato”.

El sujeto que permanece fijado a traumas fraternos no logra una adecuada superación de la conflictiva edípica y permanece atado a una atormentada rivalidad con sus semejantes (que puede cristalizarse en la famosa repetición tanática de “los que fracasan al triunfar”).

En esta conducta, no sólo están presentes las culpas edípicas no elaboradas, sino también la culpa narcisista y la fraterna, con su correspondiente necesidad (consciente e inconsciente) de castigo.

Por último, el complejo fraterno tiene una función estructurante, y un carácter fundador, en la organización de la vida anímica de individuos, pueblos y culturas.

Este complejo, al que no siempre se tiene en cuenta en toda su importancia, participa en la estructuración de las dimensiones intrasubjetiva, intersubjetiva y transubjetiva, mediante las influencias que ejerce en la génesis y el mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y en los grupos, en la constitución del superyó y el ideal del yo, y en la elección de los objetos de amor.

En “Introducción del narcisismo” (1914), Freud desarrolla un panorama de los caminos que se siguen en la elección de objeto, señalando dos formas de amar: una según un tipo narcisista y otra según el modo del apuntalamiento.

En la primera forma, la narcisista, se ama lo que uno mismo es (a sí mismo); lo que uno mismo fue; lo que uno querría ser;o a la persona que fue una parte del sí mismo.

En la segunda forma, la del apuntalamiento, indica dos modelos del amor: según “la mujer nutricia y el hombre protector, y las personas sustitutas que se alinean en cada uno de estos caminos”; no incluye explícitamente al hermano o la hermana como un otro, un semejante que cuente en la vida anímica del individuo, pero lo sugiere.

A su vez, en “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921), afirma que “desde el comienzo mismo, la psicología individual es simultáneamente psicología social”. Entonces, si “en el complejo de Edipo, se conjugan los comienzos de religión, eticidad, sociedad y arte”, es necesario afirmar que el complejo fraterno juega también un papel decisivo en estos comienzos.

Todo esto posibilita deducir que el complejo fraterno, a través de sus cuatro funciones, amplía elocuentemente las fronteras del conocimiento de los interminables y complejos psicodinamismos que intervienen en la permanente estructuración y desestructuración de la realidad psíquica y de la realidad social, y en sus relaciones mutuas.

Así como en toda neurosis se presentan fenómenos narcisistas, y esto no implica que Narciso desplazó a Edipo, sino que hay que concebirlos en un complejo interjuego, se debe relacionar el complejo fraterno con las estructuras narcisista y edípica.

La inclusión de estos psicodinamismos fraternales en la estructuración de la vida psíquica no intenta negar la gran importancia de Narciso y Edipo. Al contrario, se trata de replantear cuestiones yendo desde el complejo fraterno al complejo de Edipo y al narcisismo, y viceversa.



por Jorge Grippo

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