¿Qué es el TOC?

TOC es la sigla de Trastorno Obsesivo-Compulsivo. Es un trastorno que pertenece al grupo de los desórdenes de ansiedad (como la agorafobia, la fobia social, etc.).

Estadísticamente, es tan frecuente en hombres como en mujeres. Se caracteriza por obsesiones y compulsiones. Las compulsiones son ideas, pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes y persistentes, de naturaleza egodistónica, o sea, que no son experimentados como producidos voluntariamente, sino como pensamientos que invaden la conciencia, vividos como sin sentido o incluso repugnantes; el individuo realiza intentos para ignorarlos o suprimirlos, pero rara vez lo logra.

Las compulsiones son conductas repetitivas y aparentemente con fines, que se llevan a cabo según reglas, de forma estereotipada. En realidad, la conducta no es un fin en sí misma: está diseñada para producir o evitar algún acontecimiento futuro; su realización reduce la ansiedad provocada por la obsesión con la que está relacionada; pero no está conectada de manera realista con lo que se pretende impedir o provocar, o bien puede resultar excesiva, desproporcionada; se realiza con una sensación de compulsión subjetiva y un deseo de resistir a la compulsión; generalmente, el individuo puede reconocer la falta de sentido de su conducta, siente culpa o vergüenza, y no obtiene verdadero placer en llevarla a cabo.

Los TOC suelen clasificarse según el tipo de obsesión o de conducta repetitiva predominante (aunque también pueden combinarse varias):

  • Limpiadores: tienen obsesiones relacionadas con la suciedad o la contaminación. Se la pasan lavando, fregando objetos, o higienizándose ellos mismas. (Es una de las formas más comunes).
  • Verificadores: inspeccionan de manera excesiva, con el fin de evitar que ocurra una determinada catástrofe (por ejemplo, “dejar encendido el gas”).
  • Repetidores: ejecutan acciones repetitivas, con fines no siempre evidentes.
  • Ordenadores: necesitan (y exigen) que las cosas que los rodean estén dispuestas de acuerdo con determinadas pautas, muy rígidas; a veces, se trata de distribuciones simétricas.
  • Acumuladores: coleccionan objetos, a veces insignificantes, de los que no podrían desprenderse sin gran conflicto.
  • Numerales: buscan sentido a los números que los rodean (suman, restan, los cambian), hasta obtener uno “significativo” (para ellos).
  • Filosofales: viven elucubrando sin llegar a nada, en un proceso metafísico del que no pueden deshacerse.
  • Ritualizadores mentales: suelen apelar a pensamientos o imágenes repetitivos (compulsiones mentales), con el objeto de contrarrestar la ansiedad que provocan las ideas o imágenes que constituyen sus obsesiones.
  • Atormentados (obsesivos puros): experimentan reiterados pensamientos negativos, incontrolables y usualmente perturbadores; se entregan a procesos reiterativos mentales, no físicos.

Una persona que padece TOC se da cuenta de que tiene un problema. Sus familiares y allegados, también; aunque a veces, en su deseo de ayudarlos, decidan aparentar que los síntomas no existen e, incluso, ayudarlos en sus rituales (todo lo cual es muy negativo para todos).

Estos pacientes suelen sentirse culpables por su conducta, y sus conocidos se enojan con ellos por no ser capaces de controlar sus compulsiones.

Los síntomas pueden presentarse a cualquier edad y producir una discapacidad considerable; de hecho, la OMS incluye el TOC entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes y entre las 5 enfermedades psiquiátricas más comunes.

Algunas teorías sugieren un fundamento biológico del trastorno, y actualmente se está explorando esta posibilidad. Se ha sugerido que pueden existir algunas anormalidades en el lóbulo frontal y en los ganglios basales. Otros estudios indican que las anormalidades se sitúan en ciertos neurotransmisores, por ejemplo la serotonina. Esto haría que ciertos psicofármacos (como los inhibidores de la recaptación de serotonina, ISRS) actuaran benéficamente sobre el TOC.

Los tratamientos predominantes para este trastorno son una alternancia o combinación de fármacos y terapias cognitivo-conductuales. La medicación puede atenuar ciertos síntomas obsesivos, para posibilitar al paciente el seguimiento de una terapia. Algunos psicofármacos de segunda generación utilizados hoy son: fluoxetina, fluvoxamina y paroxetina.

Entre las terapias, se pueden mencionar:

  • Psicoterapia cognitiva: pone a prueba las ideas sobre el poder destructivo de los pensamientos, la culpa, la búsqueda de seguridad absoluta, las tendencias al catastrofismo, el perfeccionismo, el autocastigo y la intolerancia al malestar.
  • Exposición y Prevención de Respuesta (EPR): enfrenta al paciente con el objeto o la idea temida, sea directamente o con la imaginación.
  • Psicoterapia de orientación psicoanalítica: explora el origen de las ideas obsesivas y las repeticiones compulsivas, para poder interpretar los mecanismos psíquicos inconscientes involucrados en la formación de los síntomas.

Freud trató el caso emblemático de un paciente (“el hombre de las ratas”) que presentaba un cuadro que él llamó “neurosis obsesiva” y podría ser asimilado con el actual TOC. Sus compulsiones y obsesiones tenían elementos que se repetían en el nivel inconsciente. En “A propósito de un caso de neurosis obsesiva”, se pueden encontrar el análisis y la solución de una serie de síntomas obsesivos.

 



por Jorge Grippo

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