Fobia social

La fobia o ansiedad social es un desorden psicológico que se ubica dentro del espectro de los trastornos de ansiedad.

En principio, como cualquier otra fobia, se concentra en un miedo (superior al que puede considerarse “normal”) ante varios tipos de situaciones, por ejemplo: hablar en público; participar de una clase, exponer un tema; reuniones sociales, fiestas; encuentros con conocidos, familiares, amigos, personas del sexo opuesto; entrevistas o reuniones de trabajo, etc.

Estas situaciones (y otras similares) hacen que el sujeto se sienta incómodo, inseguro, con sensaciones intensamente desagradables, y a veces casi obsesionado por lo que pueden estar diciendo sobre él (paranoia). Aparecen síntomas de ansiedad: palpitaciones, sudoración profusa, “nudo en el estómago”, mareos; más el lógico deseo (irresistible) de escapar del foco fobígeno. Suelen presentarse enrojecimiento facial y signos de turbación, en situaciones sociales comunes para otras personas. También está presente la ansiedad anticipatoria, que hace muy penosa toda circunstancia previa a una situación temida, con sólo imaginarla.

Básicamente, el fóbico social sufre temor a ser “examinado” por el otro, lo cual es vivido como una evaluación crítica de sí mismo. Ese temor se hace muy fuerte, y persistente, ante toda actuación pública que pueda producir vergüenza y humillación.

El miedo puede ser circunscripto o generalizado. En este último caso, el temor es difuso, se relaciona con cualquier tipo de interacción social. El DSM-IV lo equipara con el trastorno de la personalidad por evitación.

La fobia social suele aparecer después de la adolescencia; para los jóvenes, resulta invalidante en una etapa clave de su evolución social. Suele llevarlos a consumir sustancias dañinas, como alcohol o drogas “desinhibidoras”. Es mucho más común de lo que se piensa, y no hay que considerarla extraña, ni confundirla con la timidez. Aceptarla abiertamente es el mejor modo de comenzar a superarla.

La fobia social presenta una buena respuesta a la terapia cognitivo-conductual (TCC), individual o grupal. En gran parte de los casos, se indica también un tratamiento farmacológico, que ayuda a acortar los tiempos de evolución del tratamiento psicoterapéutico. Como toda fobia, también se requiere la voluntad de la persona y el apoyo de su entorno para salir de la enfermedad y enfrentar las situaciones problemáticas.



por Jorge Grippo

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