Falo, primera parte

En la obra de Freud, centrada en la sexualidad como organizadora de la psiquis, abundan las referencias al pene, como era esperable. 

Por ejemplo, Freud afirma que los niños y las niñas le atribuyen un gran valor al pene, y su descubrimiento de que algunas personan no lo tienen produce importantes consecuencias psíquicas (relacionadas, sobre todo, con el complejo de castración). Pero el término “falo” aparece pocas veces en la obra freudiana, y siempre como sinónimo de “pene”. (Freud usa con mayor frecuencia el adjetivo “fálico/a”, como en “fase fálica”, pero tampoco aquí hay una distinción rigurosa entre “falo” y “pene”.) Contrariamente, Lacan prefiere emplear el término “falo”, en vez de “pene”, para subrayar que lo que debe interesar a la teoría psicoanalítica no es el órgano genital masculino, biológicamente, sino el rol que este órgano desempeña en el fantasma. Por eso, reserva “pene” para el órgano, y “falo” para sus funciones imaginaria y simbólica. Sin embargo, se puede sostener (como lo hizo el mismo Lacan) que esta supuesta innovación terminológica solo aclara distinciones que estaban implícitas en Freud. Por ejemplo, cuando este habla de la equiparación simbólica entre pene y el bebé (que le permitiría a la niña mitigar su envidia del pene teniendo un hijo), queda claro que no se refiere al órgano real. Pero ¿el estatuto del falo es real, imaginario o simbólico? Lacan habla de los tres en distintas ocasiones. Incluso, ocasionalmente, usa la expresión “falo real” para referirse al órgano biológico (pene), o las expresiones “falo simbólico” y “pene simbólico” como si fueran sinónimas; todo lo cual hace que la distinición teórica entre el falo y el pene sea, según algunos comentadores, demasiado inestable. Sin duda, entre todas las propuestas de Lacan, la de la centralidad del falo es una de las que han suscitado más controversias. Como era de esperar, algunas autoras feministas han sostenido que esa posición privilegiada implica repetir los peores gestos patriarcales de Freud. Otras feministas, sin embargo, han defendido a Lacan, sosteniendo que su distinción entre el falo y el pene permite explicar la diferencia sexual como irreductible a la biología.

Ver también: Falo, segunda parte



por Jorge Grippo

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