Deseo - 1

El término y el concepto de “deseo” son quizás los más centrales en toda la obra de Lacan. Incuso alguien ha dicho, irónicamente, que “al parecer, desde que existe Lacan hay un solo Deseo”.

El término lacaniano “désir” traduce el alemán “Wunsch”, usado por Freud, pero hay que reconocerle una mucho mayor amplitud y abstracción que en el Maestro de Viena.

El deseo es, para Lacan (quizás como para Spinoza) el centro de la existencia humana y la preocupación central del psicoanálisis. Pero no se trata de cualquier clase de deseo, sino del deseo inconsciente; que, a su vez, es totalmente sexual.

En relación con esto, el objetivo de la cura psicoanalítica sería llevar al analizante a reconocer la verdad de su deseo; y sólo es posible reconocer el propio deseo cuando se lo articula en la palabra. Por eso, en psicoanálisis, lo importante es enseñar al sujeto a nombrar su deseo, articularlo, traerlo a la existencia (lo que implica que no está dado de antemano: al nombrarlo, el sujeto, en cierto sentido lo crea).

Sin embargo, hay límites para esta articulación, ya que existe una incompatibilidad fundamental entre el deseo y la palabra; esta incompatibilidad explica el carácter irreductible del inconsciente, que no puede conocerse. La palabra jamás expresa la verdad total del deseo; siempre queda un resto.

Por otro lado, no se debe confundir deseo con necesidad ni con demanda.

La necesidad es un instinto puramente biológico, que surge de exigencias del organismo y que se elimina totalmente (aunque en forma temporal) cuando es satisfecho.

Pero, para lograr la ayuda de quien puede dársela (el otro), el niño debe expresar sus necesidades de manera oral; es decir que la necesidad tiene que articularse como demanda.

Pronto, la presencia del otro adquiere importancia por sí misma, algo que va más allá de la satisfacción de la necesidad: su presencia simboliza su amor. Entonces, la demanda asume una doble función: articulación de la necesidad y pedido de amor.

Pero el otro no puede dar ese amor incondicional que el sujeto anhela. Por eso, aun después de que se satisfagan las necesidades articuladas en la demanda, el anhelo de amor persiste, insatisfecho: este resto es el deseo. 



por Jorge Grippo

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