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Jorge Grippo

Complejo de castración 3

Para Jacques Lacan, el complejo de castración es el conjunto de las consecuencias determinadas por la sumisión del sujeto al significante. Lacan prefiere hablar de castración en vez de “complejo” de castración. La define como una operación simbólica que determina una estructura subjetiva: el que ha pasado por la castración no está acomplejado; al contrario, está normado respecto del acto sexual. Sin embargo, hay allí una aporía: ¿por qué el ser humano debe estar castrado antes de poder llegar a la madurez genital? La castración no tiene que ver con el órgano real: recae sobre el falo en tanto es un objeto imaginario. Por eso Lacan no considera que el Edipo y la castración dependan de y sean opuestas al sexo del sujeto. El niño, mujer o varón, quiere ser el falo para captar el deseo de su madre (primera fase del Edipo). La interdicción del incesto (segunda fase), que debe desalojarlo de esta posición ideal de falo materno, corresponde al padre simbólico, es decir, a una ley cuya mediación debe ser asegurada por el discurso de la madre, que no se dirige sólo al niño, sino también a ella misma. En la tercera fase, interviene el padre real, quien tiene el falo (en realidad, quien para el niño es supuesto como teniéndolo), lo usa y se hace preferir por la madre. El niño, que ya ha renunciado a ser el falo, podrá identificarse con el padre. La niña, por su parte, ha aprendido hacia qué lado debe volverse para encontrar el falo. Desde esta perspectiva, hay que distinguir entre la frustración, imaginaria, que se da un objeto real (frustración femenina del pene), y la privación, real, que se da un objeto simbólico (sustraído). La castración será considerada como simbólica de un objeto imaginario; en este último caso, se debe entender que la castración constituye la representación simbólica de una emasculación que recae en un objeto imaginario, el falo absoluto del padre omnipotente. El falo aparece, con innumerables aspectos, en los sueños y los fantasmas, pero se ve muy frecuentemente separado del cuerpo. Esta separación es explicada por Lacan como un efecto de la elevación del falo a la función de significante. Desde que el sujeto está sometido a las leyes del lenguaje (la metáfora y la metonimia), o sea, a partir de que el significante fálico ha entrado en juego, el objeto fálico está seccionado imaginariamente. Hay que observar que esta noción de la castración no basta para fundar una lógica de la sexualidad. El seminario Aun (de 1972) se ocupa de ella al tomar por tema la famosa imposibilidad de la relación sexual: por esta se entiende la imposibilidad de una “escritura” lógica de la sexualidad del sujeto hablante. En esta perspectiva, se plantea el principio lacaniano de que “no hay relación sexual”.

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